
Y yo que me creía una chica fuerte, y no soy nada. Viene alguien más listo, más fuerte y con menos corazón y me derriba todo aquello que construí con tanto empeño. Mi autoestima, mi alegría... Todo aquello que me hacía sentir orgullosa. Mi corazón, aquel que creía en fantasías y cuentos de hadas a pesar de las heridas, recibió un hachazo... Y lo sustituye todo por ese sentimiento del que un día escribí para retarlo a no volver a mi vida... El miedo.
Y ahí me quedé, derrumbada en una esquina de aquel viejo callejón, vencida, derrotada,avergonzada por haberme dejado ganar.
Hasta un día en el que apareció él tendiéndome su mano, dándome su amor y demostrándome que puedo confiar en él. ¿Y qué hice yo? Morderle la mano, herir su corazón y faltarle a su confianza... No es justo no, no es justo para él, no es justo para nadie.
Miro hacia arriba, miro su rostro porque sigue ahí... Y con los ojos envueltos en lágrimas, le ofrezco mil perdones con la esperanza de que me perdone y vuelva a tenderme la mano...
No voy a culpar a aquel cobarde de algo que yo permití que hiciera. Pero si voy a aprender de esta, para que no vuelva a pasar. Porque no todas las personas son iguales, no todas rompen el corazón... Algunas, a pesar de ser pocas, quieren proteger tu corazón y curar las heridas que te hayan hecho otros...





