
La primera semana tocó su fin. Hacía tiempo que no me sentía tan bien levantándome temprano para ir a trabajar. Creo que la última vez fue hace casi 3 años.
Tengo un grupo de 35 niños de entre 10 y 12 años... Mis trastos, así los llamo. Gritan, corren, se insultan, se pegan, rompen las normas... Y ríen, juegan, son curiosos, te dan la mano y te dedican sonrisas pícaras de vez en cuando... Pero ya están dominados... Lo malo o bueno, según como se mire, es la manera en la que aprendí como hacerlo. Seguí el consejo de alguien: Debes ser como ellos pero imponiendo autoridad. A veces creo que soy más niña que ellos, y lo peor del caso es que es así, de esa forma, como me siento más "yo misma".
Y mi niñito del año pasado... Mi Tarzán... Sí me recordaba y, aunque al principio fue muy frío conmigo, con el paso de los días y mi empeño en hacer que pase un buen rato sin escuchar que es un malcriado o un niño muy ruin, estos dos últimos días he corrido detrás de él, le he hecho cosquillas y he hecho que se riera y que me contara tranquilito los animales que había visto en el zoo. Tal vez yo sea una analfabeta, mi título no tiene que ver con los niños, mientras que los demás en su mayoría se dedican a esto todo el año. Pero soy la única que ha conseguido que ese niño, mi niño del campus, se porte bien. ¿Qué escupe?¿Qué insulta?¿Que no hace caso? Eso dicen, conmigo al menos nunca lo ha hecho. Algo así hace que me plantee el verdadero significado de educación... ¿Mejor severidad o cariño y comprensión?
Mi conclusión es que, esté o no bien hecho, mis trastos me tratan mejor y me hacen más caso cuando me vuelvo uno como ellos... Cuando les muestro cariño, cuando juego con ellos, y cuando les explico por qué les castigo de una manera en que lo entienden. Y si para mi funciona... ¿Muy mal no puedo estar haciéndolo no? Sacan lo mejor de mí y de alguna manera, tengo que devolverles el favor...

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